Ginger & Velvet, piezas con historia

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El proyecto de Maite, cuya feroz creatividad está detrás de Ginger & Velvet se basa en la necesidad de compartir historias. Y no lo hace narrando o recitando, sino diseñando colecciones de alta bisutería y joyería que se nutren de sus referentes, de su propia trayectoria y vivencias. Desde el esbozo y prototipo inicial, hasta la producción final de cada pieza, el objetivo de dotar a sus creaciones de un alma pasa por completarlas con recuerdos, y posteriormente con comentarios y aportaciones también de los clientes. El espacio de Ginger & Velvet no podía ser ajeno a esta filosofía de vida y de trabajo y, en su concepción, contaron con el asesoramiento de François Joseph Andreani y su estudio de arquitectura Siz ‘- ix en Córcega. François y su estudio vieron el espacio original, un almacén excesivamente compartimentado en el que se habían sucedido diferentes tipologías de negocio a lo largo del tiempo, y se plantearon como una necesidad buscar la historia propia del local.

 

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Con el asesoramiento de Siz ‘-ix, Juan José Villanúa, director de Ginger & Velvet e ingeniero, pone en práctica estas ideas. Descubrieron que tras la pared y el falso techo había restos de las pinturas que habían elegido para otras utilidades del local: una peluquería, una tienda de bellas artes… Una circunstancia perfecta para ir dejando la propia historia del local, y sus huellas, al descubierto. Las vigas metálicas del techo eran elementos que aportaban carácter, así que reforzaron estos elementos con una pared metálica, lo que les devolvía a la base con la que trabajan sus piezas.  El resultado en bruto era un espacio con un toque industrial pero con la calidez necesaria como para convertirlo en un entorno acogedor.

 

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A partir de aquí, seleccionaron un mobiliario que reforzase el carácter industrial y que fuera funcional y dinámico. Que nada fuera fijo, que todo pudiera cambiar de sitio sin modificar la esencia,que un aparador no solo fuera un mueble sino también un soporte para sus piezas. Algunos fueron adquiridos y otros diseñados y fabricados por el propio equipo de Ginger & Velvet.

El espacio destinado al taller de joyería fue concebido como una estancia diáfana, de manera que también pudiese mutar de taller abierto al público para ver todos los procesos de producción, a espacio de exposiciones, muestras, y talleres multidisciplinares (joyería, marketing experiencial, lectura de poesía e incluso microteatro).

Sin duda, un latido singular en el corazón del Barrio de las Letras de Madrid.

1 Comentario

  • Me parece toda una joya. El aire ajado de las paredes junto a los muebles dan como resultado un espacio que invita a perderse entre sus creaciones. ¡Gracias por compartirlo!

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