29 DE ABRIL DE 2019

Reforma interior en edificio histórico



 Esta historia comienza hace veinte años con la perseverante lucha de tres hermanas (les ties) ya ancianas por defender sus respectivas viviendas, cada una situada encima de la otra, hasta conformar un edificio familiar de tres alturas en la calle principal del Cabanyal: La Reina, el cual, como tantas otros centenarias construcciones modernistas, estuvieron amenazadas de derribo simplemente para que la ciudad ‘llegara’ al mar.
En el 2015, derogado el plan y salvado el barrio, el actual y joven propietario de la vivienda de la planta primera, decide renovarla con una condición: reutilizar el máximo de elementos posibles de la casa.
Por ejemplo, suelos hidráulicos y carpinterías interiores en honor a la familia a la que él también pertenece, del Cabanyal de toda la vida. Sin embargo, aquello que parecía dicho y hecho, no iba a ser tan sencillo.
En este tiempo, un batallón de sigilosas termitas fueron haciendo su camino, comiendo y dejando agujeros por doquier, debilitando así tremendamente los tradicionales forjados de viguetas de madera y revoltón cerámico, hasta casi hacerlos desaparecer. Hay gente en el barrio que dice que este mal endémico comienza en el año 57 con la fatídica ‘riuà’ (inundación de la ciudad al desbordarse el río hacia el mar). El arquitecto David Estal, que realizó la rehabilitación, era la primera vez que se enfrentaba a esta patología de alcance estructural.
La intervención arquitectónica traspasa los límites del interior de la vivienda en cuestión para afrontar el reto de la rehabilitación parcial estructural, centrándose en rehacer los forjados y las galerías voladas hacia el patio interior ocupado por diferentes elementos impropios.
Se dedicaron concienzudamente a entender cómo se comporta este edificio desde su salud integral y así evitar el típico refuerzo metálico estructural.
La decisión fue continuar con la personalidad estructural que define esta construcción, pero adaptada a las soluciones actuales que a su vez, permitiera abrir espacios más diáfanos (aunque manteniendo rincones) y que la madera siguiera siendo madera.
En la reforma interior, un collage de puertas restauradas abre paso a las distintas estancias, recibiendo luz pasante del este y del oeste, otorgando a la vivienda una atmósfera mediterránea combinada con un pasado emotivo y familiar. Y, lo más importante: aunque el edificio ha pasado por una profunda revisión médica, en la vivienda no se exhiben alardes estructurales, ortopedias, prótesis ni musculatura excesiva, tan solo un espacio cálido para ser rehabitado.

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